Blog > Categoría: Debats

Evaluando la participación ciudadana: los indicadores

OIDP_logo_v2

Queremos compartir aquí nuestra participación en la 18ª Conferencia del Observatorio Internacional de la Democracia Participativa (OIDP) en Barcelona en la Mesa Redonda "Evaluando la participación ciudadana: los indicadores".

La experiencia en el diseño del sistema de indicadores de evaluación del Programa Democracia Activa del Ayuntamiento de Barcelona nos muestra la complejidad y los retos que aparecen a la hora de intentar medir dimensiones complejas, como por ejemplo la accesibilidad, la diversidad, la pluralidad, la trazabilidad, la transparencia o el funcionamiento de los procesos participativos.

Diseñar indicadores para cada una de estas dimensiones ha implicado un ejercicio de cuidado y rigor para desgranar los diferentes componentes que los definen. Por ejemplo, la accesibilidad viene definida por el horario en que se realiza la convocatoria, la ubicación del espacio de encuentro y el acceso en transporte público, la convocatoria (con cuánta antelación se convoca, con cuantas lenguas se hace la difusión), la señalización para indicar el espacio del encuentro, la accesibilidad para personas con diversidad funcional, el nivel de tecnicismo del lenguaje y el acceso on-line.

Algunos de estos retos surgidos en el proceso tienen que ver con...

¿Cómo garantizar la máxima accesibilidad cuando los procedimientos estándares del Ayuntamiento no están diseñados con esa intención? Por ejemplo, comunicar en otras lenguas más allá del catalán y el castellano.

La diversidad no es estándar, sino relativa a cada grupo de población. Entonces, ¿podemos utilizar la misma referencia para todos los barrios y distritos? Por ejemplo, ¿debemos esperar el mismo grado de diversidad cultural en un proceso participativo realizado en el barrio del Raval que en el barrio de Les Corts?

¿Como recoger la información sensible que no es visible a los ojos (diversidad funcional, orientación sexual, ...)?

Sabemos que el criterio técnico dista del criterio ciudadano. Por esta razón, los resultados de los procesos participativos no siempre se implementan de manera 100% fiel. Entonces, ¿cómo podemos hacer visible la transformación del resultado del proceso participativo respecto de la implementación final? ¿y cómo se justifica o explica esta modificación?

Estas son algunas de las incógnitas que han surgido durante el proceso. Si desea, puede descargar la presentación aquí.

¿Batalla de Gallos o de Gallitos?

images (1)

"Una batalla de gallos es un concurso de machos alfa:" yo soy el más gallo ". Vamos al insulto rápido. Somos unos gallitos, y la imagen social del macho alfa es la de mega-hombre." (Invert, Conversaciones Red Bull 2017).

Hace un par de semanas, en medio de una Batalla de los Gallos (competiciones de rap improvisado) organizada por Red Bull, las rimas contra el adversario desencadenaron una fuerte polémica en las redes.

El objetivo de las competiciones de rap improvisado es justamente este, una competición, una batalla, donde los gallos o MC buscan descalificar al contrincante a través de las rimas (preferimos hablar de MC [Master of Ceremonies, en inglés] como sinónimo no sexuado de Gallo / Gallina). Se trata de un fenómeno que ha crecido y se ha extendido enormemente en los últimos diez años, especialmente en España y América Latina.

Al mismo tiempo, se trata de un entorno altamente masculinizado, donde el referente de masculinidad es el de gallito.

El diálogo improvisado, que ha generado tanta polémica, es el siguiente:

[FJ] “El Zasko necesita sonotone y también a mayores / cuando folla con menores, como no tienen la regla no tiene que usar condones”

[Zasko] “Estoy hasta los huevos de menores / tendrás una hija, tu hija irá al cole, ¿y sabes qué pasará cuando Zasko la viole? Que te pondré este vídeo para que lo veas y llores”

La controversia retoma otros debates presentes al rap improvisado, como son las rimas machistas, homófobas y racistas, o el hecho de que se trate de entornos altamente masculinizados y la infrarrepresentación de las raperas o MC femeninas.

Por otra parte, con este episodio, el freestyle ve cuestionada la libertad de expresión, uno de los grandes valores de esta subcultura urbana. En el contexto actual, en el que los raperos Plablo Hassel y Valtonyc están condenados por el contenido de sus rimas, la polémica está servida.

Red Bull toma la iniciativa de aprovechar este ejemplo para ampliar el debate, desde dentro, con MC ganadores de las últimas competiciones, promotores de Batallas de Gallos y expertas en periodismo musical. Spora, a través de la Miriam Sol, participamos para ampliar el análisis e introducir nuevas reflexiones desde la perspectiva de género y feminista:

¿Cuál es el problema?

¿Se trata de una rima fácil en un contexto de rap improvisado? ¿O de apología de la violación?

¿Por qué ocurre?

¿Es porque la improvisación reproduce el bagaje de la sociedad que tenemos interiorizado, ya que no hay tiempo para la reflexión? ¿O es que las batallas se dan en espacios completamente masculinizados donde el referente es un gallito, con la complicidad de los otros gallos?

¿Por qué ha generado tanta polémica?

Vivimos en un mundo globalizado, donde todo queda registrado. El público va más allá de las personas que presencian la competición in situ, y engloba a todo aquel y aquella esté conectada al wifi.

Por otra parte, el feminismo ha dicho 'Basta!' y ha decidido reaccionar a cualquier apología de la violencia sexual.

¿De quién es la responsabilidad: del público, del jurado, del MC?

Los mismos ganadores de las competiciones internacionales reflexionan sobre la evolución de las 'Batallas de los Gallos'. En sus inicios, la descalificación se basaba en insultos cotidianos (son habituales las rimas homófobas: maricón; o las referencias machistas hacia las madres de estos: tu madre ...), era la rima fácil y una forma rápida de ganar. Explican que, con el tiempo, tanto el público como los mismos MC han dejado de aplaudir las rimas homófobas y racistas, mientras que han comenzado a valorar las rimas ingeniosas y con referencias más elaboradas.

Sin embargo, vemos que las rimas machistas se siguen aplaudiendo. Entonces, ¿la responsabilidad es del primer MC (FJ) que provoca al oponente (Zasko) con un ataque personal haciendo alusión a su relación con una chica menor de edad (era conocido que Zasko tenía una pareja un par de años más joven que él, menor de edad)? ¿O bien es de la réplica, en la que utiliza la rima fácil para ganar al contrincante? ¿Qué rol juegan aquí el jurado, o el público?

¿Hacia donde queremos avanzar?

Algunos de los MC comentan que se ha producido una evolución en la calidad de las rimas, cada vez más ingeniosas y reflexivas, que antes eran muy habituales comentarios racistas y que ahora incluso el público los rechaza.

Por otra parte, las MC femeninas y feministas comienzan a abrirse camino y hacerse escuchar. Sara Socas, una MC que compite en las Batallas de los Gallos, publicaba el siguiente artículo el último 8 de marzo: '8M, nosotras no callamos'. También hay colectivos de MC feministas, como las Fem_Battle o Las chicas del Free que visibilizan a las raperas y organizan batallas de chicas. Habrá que animarlas para que puedan hacerse un lugar en este espacio de gallitos!

Retos del cooperativismo con la economía feminista

women-together-barbara-derechos-mujeres-genero

Los principios y valores que rigen el funcionamiento de las empresas cooperativas, y que fueron revisados ​​por parte de la Alianza Cooperativa Internacional en 1995, nos hablan de un modelo empresarial mucho más humano que el de la economía convencional. Los valores en que se basan las cooperativas son: auto-ayuda, responsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad. Los siete principios establecen: adhesión voluntaria y abierta, gestión democrática, participación económica, autonomía e independencia, educación, formación e información, cooperación entre cooperativas, interés por la comunidad. Así, el cooperativismo se presenta como un modelo que promueve la igualdad de las personas en el acceso al trabajo y a los recursos así como el empoderamiento, apostando por la propiedad colectiva y poniendo las personas en el centro de las organizaciones.

Sin embargo, la desigualdad en el acceso al trabajo no es una realidad que se desprenda únicamente del sistema económico. El capitalismo se articula y actúa sinérgicamente con otros sistemas de dominación que provocan una distribución desigual de los derechos y de los recursos. El patriarcado es probablemente el sistema de dominación más antiguo y de mayor alcance, en tanto que afecta a todas las sociedades humanas y actúa en todos los espacios sociales. Es el sistema de dominación de los hombres sobre las mujeres, sustentado sobre la institución de la familia convencional (monógama y heterosexual) y que se extiende al resto de la sociedad. Una de las expresiones más visibles del patriarcado es la llamada división sexual del trabajo, que establece la atribución segregada de las actividades económicas en función del sexo de las personas.

Así pues, ¿Qué respuesta reciben estas desigualdades desde la economía?

La preocupación por la distribución sexual del trabajo y las desigualdades resultantes en la distribución del acceso a los recursos, en el trabajo y en los espacios de toma de decisiones han sido una de las piedras angulares de las perspectivas feministas dentro de la economía. En este sentido, las perspectivas feministas han desdibujado los propios límites de la economía como espacio de producción. Más concretamente, la perspectiva de la Economía Feminista emerge poniendo el foco sobre la importancia del trabajo doméstico y de cuidados como sustentador del resto de la economía, y señalando la división sexual del trabajo como raíz de las desigualdades entre mujeres y hombres. En las últimas décadas se ha desarrollado el paradigma de la "sostenibilidad de la vida" que hace referencia a la necesidad de facilitar todas aquellas actividades económicas que permiten la vida.

Y entonces, ¿Cómo se articulan el cooperativismo y la economía feminista?

La Economía Social y Solidaria (ESS), que integra el cooperativismo, y la economía feminista tienen puntos de encuentro. La percepción cooperativa de la economía prioriza la visión a largo plazo, sostenible y no especulativa, se responsabiliza del impacto social y ambiental de sus actividades, se centra en dar respuesta a las necesidades de las personas, e instaura la democracia como modus operandi.

En definitiva, tanto la ESS como la economía feminista apuestan por una economía basada en el valor de uso y en la satisfacción de las necesidades humanas, en contraposición a la maximización del beneficio en términos monetarios, que es el principio rector de la economía convencional. Tanto la ESS como la economía feminista se proponen poner a las personas en el centro, y es a partir de este propósito compartido que los vínculos entre ambas se están fortaleciendo los últimos años.

Sí, la ESS y la economía feminista tienen puntos de encuentro, pero esto no es sinónimo de que el cooperativismo esté libre de muchas de las críticas feministas a la economía. Lo cierto es que el cooperativismo surge y se da en el contexto de una sociedad patriarcal y, por este motivo, reproduce sus lógicas. El cooperativismo no es ajeno a que hombres y mujeres se ocupen menudo en sectores diferentes de la economía, y que unos se valoren más que los otros. Tampoco es ajeno a que las mujeres se ocupen de la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados en nuestra sociedad, un conjunto de actividades imprescindibles que se encuentran profundamente minusvaloradas, y que tiene unas implicaciones concretas sobre el trabajo mercantil de las mujeres, especialmente en términos de conciliación de los tiempos laboral, personal y familiar. Nuestra cultura es patriarcal, y los hombres y mujeres que conformamos el cooperativismo no somos ajenos a ello.

La cultura patriarcal dentro de las organizaciones también emerge en la forma en la que se toman las decisiones. Históricamente han sido los hombres (blancos, adultos y heterosexuales[1]) los que han ocupado los espacios de poder, las asambleas y los consejos, y hay que cuestionar hasta qué punto se está redistribuyendo el poder en estos espacios actualmente.

En síntesis, el cooperativismo es un modelo de organización del trabajo que apuesta por la igualdad entre las personas, pero esta meta es inalcanzable si no se tienen en cuenta las diversas fuentes de la desigualdad. Articular la economía feminista y el cooperativismo es hoy en día un reto fundamental para construir modelos que promuevan una verdadera igualdad entre las personas.

[1] Omitimos el factor socioeconómico por la estrecha vinculación histórica entre el cooperativismo y el movimiento obrero.

Imagen: extraída de www.economiacritica.com